Trump dijo que toma hidrocloroquina, un remedio no recomendado para el coronavirus

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que “hace semanas” que toma de forma preventiva hidrocloroquina, un medicamento contra la malaria que el propio Estado norteamericano ha contraindicado para evitar el contagio de coronavirus y que según expertos puede tener peligrosos efectos secundarios.

“Se sorprenderían de cuántas personas lo están tomando antes de contagiarse. Yo lo estoy tomando. Hace semanas que comencé a tomarlo porque creo es bueno, escuché muchas buenas historias”, aseguró ante la prensa el mandatario, durante un encuentro en la Casa Blanca con empresarios gastronómicos que apoyan sus pedidos de reapertura económica a los estados.

La crisis sanitaria en Estados Unidos registró cerca de 1,5 millones de infectados y ya superó los 90.000 muertos, según la Universidad Johns Hopkins, al tiempo que derivó en una crisis económica que llevó a más de 37 millones de personas a pedir subsidio por desempleo.

Trump presiona a los estados a reabrir sus actividades económicas e impulsa el consumo de un medicamento que, según el ente regulador de medicamentos de Estados Unidos, FDA, podría provocar “problemas cardíacos serios” en pacientes con coronavirus.

Pese a estos datos, Trump no se mostró preocupado y agregó que cree “que la gente debería estar autorizada a tomarlo”.

Ante el parate económico, los diferentes estados marcaron sus hojas de ruta para levantar las restricciones y comenzar el proceso de reapertura, entre ellos, Nueva York, epicentro de la pademia en el país, que hoy registró su cifra más baja de muertos desde el comienzo del brote.

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, anunció hoy en su conferencia de prensa diaria que se propone comenzar la reapertura de las actividades en la primera quincena de junio.

Las declaraciones de De Blasio se dieron luego de que la ciudad registrara la cifra más baja de contagios y decesos que volvió a posicionarse en el mismo punto que estaba el 20 de marzo, antes de alcanzar su pico en la primera semana de abril.

Mientras tanto, en Florida el gobierno está decidido a continuar con la reapertura de la economía y la vida social, pese a que el brote no para de crecer.

En el estado del sureste del país se registraron 854 nuevos y 24 muertes en las últimas 24 horas y ya acumula 46.442 infectados y 1.973 decesos desde el 1 de marzo.

A diferencia de Florida, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, informó en su conferencia de prensa diaria que la cantidad de muertos por coronavirus volvió a ser la más baja hasta la fecha con 106, y suma un total de 28.232, según la agencia de noticias EFE.

También señaló que el número de nuevos casos bajó hasta los 373, así como también descendió la cantidad de hospitalizaciones e intubaciones, que volvieron a situarse en los niveles de marzo, algo similar a las cifras que el alcalde de Nueva York informó.

Tras las últimas cifras registradas, De Blasio anunció que espera cumplir los requisitos estatales para comenzar la reapertura de los cinco distritos de Manhattan durante la primera quincena de junio, aunque descartó abrir todo de golpe y aclaró que se hará por fases.

En cambio, a pesar de las cifras ascendentes, Florida anunció que esta semana extenderá a todo su territorio la reapertura, aunque cada uno de los condados tiene su propio calendario y plan.

Sin embargo, el sector turístico, motor económico de este estado, aún no se pondrá en marcha.

En el caso de Miami-Dade y Broward, los dos condados más afectados por la pandemia, hoy entraron en la fase uno de la reapertura dirigida a reactivar la economía.

Según datos del Departamento de Salud de Florida, Miami-Dade reportó 206 nuevas muertes, cinco más que el domingo, y sumaba 15.688 casos y 566 fallecimientos desde el 1 de marzo, mientras que Broward sumó 99 casos y tres muertes y acumulaba 6.167 casos y 281 decesos.

Por su parte, los condados de Miami y Miami Beach aseguraron que no empezarán a abrir hasta el miércoles, lo que supone una nueva postergación y desnuda la fuerte tensión entre los temores sanitarios y las presiones económicas que existe en el estado.

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